martes, 23 de agosto de 2011

Breve recorrido por Canatlán de las Manzanas


Abelardo Ahumada

¿Ha probado usted las manzanas de Canatlán? – Casi estoy seguro que sí, pero me supongo que no lo sabe.
Canatlán, Durango, es uno de los municipios productores de manzanas más famosos del país. Y desde sus bonitas huertas llegan a nuestra región varios camiones cargados con ellas al año, o transformadas, por supuesto, en los jugos y néctares que procesan algunas de las marcas más renombradas.


1.  Durante los últimos días de julio comienzan a cortarse las primeras manzanas. En septiembre se hace toda una feria regional allí.

Produce también perones de los que desde hace décadas se exhiben y se consumen en nuestra Feria de Todos los Santos y, por eso, sabiendo que estábamos muy cerca de allí, no podíamos desaprovechar la oportunidad de visitar el área.
Considerando, pues, que la clausura del Congreso Nacional de Cronistas era el sábado 30 de julio, decidimos permanecer un día más en Durango y trasladarnos la mañana del domingo 31 hasta la cabecera del municipio de Canatlán.  A donde llegamos después de 68 kilómetros de manejar por la carretera de Parral.

La primera parte del paisaje soleado y muy extendido que nos tocó ir viendo apenas comenzaba a mostrar un fino pelillo verde en el piso, que denotaba la caída de las primeras lluvias una semana antes. Pero esa mínima capa de verdor contribuía grandemente a embellecer los terrenos que durante la mayor parte del año se miran secos.

Pasamos, en primer término, junto al set cinematográfico de la Villa del Oeste, que junto con los demás cronistas habíamos visitado la noche anterior, y luego, enfilándonos por una amplia carretera que en algunos tramos ya casi es autopista, nos adentramos en una extensa llanura amurallada por el noroeste por una hermosa serranía; hasta pasar, en un segundo término, por la parte media de un poblado insignificante de casas cúbicas de adobe, muchas de ellas aparentemente vacías y abandonadas (señal de que ahí no hay trabajo), que no tendría ningún sentido que mencionara siquiera, de no ser porque lleva el nombre de Juan Bautista Ceballos, famosísimo abogado duranguense que hacia 1845 estuvo litigando en Colima, y que, después de haber sido gobernador de su estado, presidente de la Suprema Corte, e incluso presidente sustituto de la República, en enero de 1856 fue requerido por nuestros tatarabuelos para que los representara en el Congreso Constituyente que muy pronto iniciaría sesiones.

Un poquito más delante del poblado que acabo de mencionar, el paisaje cambió de súbito merced a un lago artificial que se formó años atrás con la construcción de la presa Peña del Águila, y que le dio a ese otrora rudo paisaje una nota de color y hermosura muy digna de ver.

Desde allí hasta las primeras huertas de manzana y perón ya no fueron tantos kilómetros. Comenzamos a transcurrir entonces por una carretera recta bordeada en unos tramos de álamos imponentes, o de manzanos, perales y durazneros en plena producción.


2.  En la década de los 50as ésta fue una exitosa escuela técnica agropecuaria donde trabajó gente de Colima.

Llegamos a un crucero arbolado en donde existe una bonita escuela normal rural (J. Guadalupe Aguilera) y donde pudimos ver a un grupo de adolescentes sacando a vender las primeras (sabrosísimas) manzanas de la temporada, y doblamos a la izquierda, pasando por el pueblo de Santa Lucía, que de no ser porque está rodeado de huertas no dudaría en calificar como un pueblo feyito.


3.  Canatlán de las Manzanas, pequeña ciudad de un municipio casi tan extenso como el estado de Colima.

La entrada a Canatlán de las Manzanas (que ésa es la denominación popular que se le da a la pequeña ciudad) se ha modernizado mucho. Pero el centro y la mayor parte de sus antiguas calles denotan los viejos modos de construir, en los que la idea de tener una casa bonita, o no estaba en la mente de nadie, o no se consideraba una necesidad.
Visitamos allí a unos familiares muy queridos de mi mujer, quien dicho aquí entre nos, nació en ese mismo pueblo, aunque desde muy chica se la trajeron a vivir a Comala.

Mientras estábamos de visita, y sus primas hermanas nos preparaban unas quesadillas con tortillas de harina hechas a mano, rellenas con queso menonita de Nuevo Ideal y sabrosas rajas de chile California, uno de los primos varones me regaló el libro Crónicas y Leyendas Regionales del Canatlán, escrito por los cronistas Luis César Carbajal Aréchiga (+), y Ricardo Carrera Gracia. Libro del que pude entresacar algunos interesantes datos referidos al origen indígena (tepehuano) del pueblo; a su transformación en la misión franciscana de San Diego Canatlán, en 1620; a la fundación de la extensísima hacienda La Sauceda; a la instalación de un aserradero que más tarde dio origen al pueblo de Nuevo Ideal; a la construcción de tres presas en la cañada de Caboraca (dos de ellas arrasadas por las crecientes hace muchos años), y la última inaugurada por Carlos Salinas de Gortari en una fecha más o menos reciente. Presas que en diferentes tiempos contribuyeron para irrigar los manzanares, y que a la fecha han propiciado en su ribera la edificación de cabañas campestres que, sin embargo, por el momento no son muy utilizadas, debido a que un grupo de narcotraficantes se asentó en la región y anduvo propiciando muertes y secuestros que asustaron a sus propietarios.


4.  Hermoso paraje junto al río La Sauceda, de intensas y limpias aguas azules. Dicen que por ahí (o muy cerca) anduvo Doroteo Arango en su juventud.

No obstante lo anterior, y porque según los primos de mi mujer, ya hace diez semana hay una especie de tregua entre las bandas en pugna, pudimos ir a pasar un muy bonito día de campo en un paraje verdaderamente espectacular, en la orilla del rio La Sauceda, justo al borde de las ruinas de la segunda presa que destruyó la creciente de 1936, y a poquito menos de un kilómetro de la cortina de la presa Caboraca. Enmarcado todo ese agreste pero muy bello paisaje con los escarpados picos de la sierra que ya nombré.
Ya por la tarde, Felipe García Alvarado, otro de los primos de Olga, me llevó a conocer la antigua capilla que construyeron los misioneros jesuitas en lo que hoy se conoce como el Canatlán Viejo, y a cortar una reja de manzanas en una muy bien cuidada huerta, cuyas ramas más bajas, pesadas de tantos racimos, colgaban apenas a un medio metro del suelo.

Ir hasta allá y no traer ni siquiera un kilo de queso original menonita hubiera sido un pecado completo. De ahí que, una vez echada en la cajuela la reja cargada de manzanas, nos fuimos a buscar un expendio de queso y nos trajimos tres kilos para obsequiarle al menos uno a cada una de nuestras mamás. Que gracias a Dios todavía viven.


5.  La presa de Caboraca. No obstante estar casi vacía, reposa en el fondo de una cañada de belleza espectacular.

Un dato que no quiero dejar de mencionar es que este municipio duranguense era, hasta enero de 1989, casi una vez y media más extenso que todo el estado de Colima, y que ahora, pese a que en ese año le quitaron más de 2 mil kilómetros cuadrados para formar el municipio de Nuevo Ideal, todavía es más grande que 9 de nuestros municipios juntos (exceptuando una parte de Manzanillo), aunque su población apenas rebasa los 35 mil habitantes, y en casi la mitad de sus casi 4 mil 700 kilómetros cuadrados no vive prácticamente nadie.

Otro de los detalles que vi en su página municipal, es que muy cerca de allí, junto a un poblado que denominan Pozole, existe un balneario que curiosa y coincidentemente nombran Colima, pero que no tuve oportunidad de visitar.


6.  Los manzanares reclaman intensos cuidados durante una buena parte del año. Y fructifican durante casi todo agosto y septiembre.

Al salir del manzanar con mi reja llena jugosas frutas, vi que eran las 8 p. m., y sentí que mi reloj biológico estaba un tanto averiado porque mientras mi cuerpo tenía la impresión de que ya debería estar a oscuras, allá parecía ser apenas la media tarde. En efecto, a las 9 de la “noche” el cielo todavía estaba azul y el sol brillaba aún sobre los cerros. De manera pues que, impulsados por la claridad reinante, permanecimos en Canatlán hasta las 21:10 y emprendimos el viaje de retorno hasta Durango con las últimas luces de aquel bonito día.
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1 comentario:

  1. Hermosa mi tierra, como me gustaría visitar este año 2014, y recorrer esos lugares que camine de niña. Mi colegio Tepeyac

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