martes, 11 de octubre de 2011

La Primera Cabalgata Regional del Siglo XXI

Abelardo Ahumada

En una conversación sostenida semanas atrás con Arturo Valencia López, director general del Instituto de Fomento de Ferias y Exposiciones de Colima, ex alcalde de Comala, criador de caballos finos, consumado jinete y lazador, me dijo que desde hace algunos meses, “varios hombres de a caballo de aquí de Colima y Jalisco”, habían estado comentando acerca de la posibilidad de recorrer el Camino Real de Colima precisamente en bestia, “con el propósito de reconocerlo y ver el modo de rescatarlo y acondicionarlo como un potencial turístico para el estado”.

“Coincidentemente con nuestra propia idea –continuó-, había otras personas del Sur de Jalisco que estaban pensando algo similar, y platicando con ellas, nos hicieron la propuesta en agosto de participar, en el plazo de un mes, en la Primera Cabalgata Regional Sierra del Halo-Volcanes, que se verificaría durante los días 4 y 5 de septiembre, a partir de Ciudad Guzmán, para llegar hasta Tonila, pasando por Tuxpan, por Atenquique, El Platanar y San Marcos, en una primera etapa. Y que si queríamos, podríamos salir en otra ocasión desde Tonila hasta Colima, en una segunda. La propuesta nos pareció muy bien, se la comentamos al gobernador y le gustó la idea.

Otros compañeros de Colima y yo nos apuntamos para participar en el primer recorrido y, aunque nos llovió, lo terminamos en Platanar, habiendo sido ésa una bonita experiencia”.

Al preguntarle que quiénes estaban originalmente organizando dicha cabalgata me conectó con la Sra. Nélida Magaña Cuevas, de Ciudad Guzmán, quien es al parecer una promotora turística que pretende hacer lo suyo en la mencionada región. Conversé unos momentos con ella, pero como estaba urgida con otras cosas, me remitió a su página de internet y vi que, en efecto, desde agosto estaban promoviendo la cabalgata, básicamente con el mismo propósito descrito por Arturo Valencia. Pero anunciando que la Segunda Etapa de la Cabalgata se recorrería durante los días 2 y 3 de octubre. 

01.- Preciosa panorámica de un tramo del Camino Real, en los antiguos potreros de La Albarrada. 

Como ya desde antes tenía alguna noticia de la cabalgata, me dispuse a participar. Pero no recorriéndola a caballo, porque ni burro tengo, sino yendo en mi camionetita a esperar a los jinetes en donde pudiera, para documentar gráficamente su paso por tramos del Camino que aún quedan, desde Platanar a Colima. “El hombre – sin embargo, dicen- propone, pero Dios dispone”, y el sábado 2 no pude ir, pero madrugué el domingo, y como me habían dicho “los de logística” del gobierno estatal que partirían de Tonila “a las siente en punto”, ahí me tienen, desvelado, tratando de despertar como los gallos de rancho.

La “logística”, empero, parece que jamás ha sido puntual en los viejos caminos de herradura y tuve tiempo de estacionar mi carcanchilla en una brecha que está pasando la barranca de Quesería, e irme a pie por el viejo y descascarado camino, hasta la Barranca del Muerto (límite interestatal), en donde al filo de las 8:45 alcancé a escuchar, primero, los ecos de un largo y alegre repique del campanario de la iglesia de Tonila y, hacia las 9, las notas del son que lleva el nombre del camino interpretadas, al parecer, por una banda de música que se venía acercando al filo de la barranca. 

02.- La modernidad y la antigüedad se juntaron en el momento en que los jinetes pasaron por el puente de la Barranca del Muerto. 

Me subí entonces al bordo del camino, ya en territorio colimote, y desde lo lejos vi a los primeros jinetes descender por la orilla del desfiladero. Recorrí apurado el tramo que me faltaba para llegar al antiguo puente ubicado casi al fondo de la barranca, me subí en el barandal para tomar la mejor panorámica que pudiese y no puedo negar que me emocioné al ver a los jinetes llegar, recordando lo que dicen los viejos libros de historia en el sentido de que la última vez que pasó por allí un grueso contingente a caballo, fue durante la madrugada del sábado 18 de julio de 1914, cuando el general Álvaro Obregón, se obligó a pasar por allí con una fracción de Ejército Revolucionario del Noroeste, debido a que alguien le advirtió que había algunos enemigos apostados en los puentes y en los túneles del ferrocarril, y tuvo miedo de que los emboscaran. 


03.- Unos jinetes que me dijeron venir de Los Altos de Jalisco, se ataviaron con indumentarias típicas de los arrieros y los jinetes de finales del siglo XIX. 

Eran, en ese momento, como unos 80 o 100 caballos los que venían. Y entre sus jinetes alcancé a distinguir unos actores ataviados como un chinaco, como Miguel Hidalgo y como Benito Juárez. Vi también a Mario Anguiano, a René González, al joven Agustín Morales, presidente municipal de Comala, al mencionado Arturo Valencia, a Eloy García Alcaraz, a unos pocos charros de corazón, a varios funcionarios y reporteros sosteniéndose dificultosamente sobre sus monturas, y a unas cuatro o cinco muchachas expertas, que les daban “veinte y las malas” como jinetas a no pocos de los galanes de gorras tejanas que iban allí. 

Saludé y me saludaron unos cuantos a la pasada, y me quedé reflexionando en el hecho de que, si les quitáramos los teléfonos celulares, los cintos piteados, las botas norteñas, las camisas cuadradas, y las caras de colimenses y jaliscienses bien comidos (y hasta pasaditos de peso) a los jinetes que acababa de ver pasar, esa escena sería lo más parecido que en este tramo del siglo XXI se podría montar, para representar lo que pudo ser el trajín cotidiano del Camino Real cuando funcionaba.

Como la trepada de regreso era muy larga y empinada, le pedí un aventón al chofer de una especie de comando de guerra (seguro antepasado de las húmmers de hoy) para no tener que regresarme a pie a mi vehículo, y me fui contemplando el hermosísimo panorama que en toda esa parte de nuestro estado existe, viendo a los volcanes como si cambiaran de posición luego de cada curva, entre espigas de maíz a veces, o destacando en otras entre los cañaverales y los pequeños pinares que cubren los históricos potreros de la antiquísima (y original) Hacienda de La Albarrada, por donde sé que en esos minutos íbamos pasando. 

04.- Sobre la actual calle Libertad, en el Barrio de El Tierno, en Cuauhtémoc, pasaba el Camino Real. 
Rebasé a los jinetes cuando salieron de la brecha a la carretera y me adelanté en mi carcacha para verlos pasar por la calle más céntrica de Quesería, notando que ya habían sumado otros veinte o treina jinetes a la comitiva. Como a las 11:40 pasaron por Alcaraces, siendo cada vez más numerosos, y tomaron por una vieja brecha hacia Cuauhtémoc, para no seguir exponiéndose por la carretera. En Cuauhtémoc entraron después de las 12:30 y ya iban entonces como 300. Se detuvieron unos minutos junto al jardín del pueblo, en donde había un pequeño templete, en el que el profesor Antonio Magaña Tejeda, cronista municipal de allí, tuvo la encomienda de darles la bienvenida a los cabalgantes, y de explicarles un poco cómo fue que precisamente en ese sitio, “a la vera del Camino Real”, nacieron hace casi dos siglos los Ranchos de San Jerónimo, y se fundaron las primeras ordeñas, las primeras fondas y los primeros espacios para darle servicio y hospedaje a los viajeros. El Profe Toño habló de los mesones que allí hubo cuando los ranchos se convirtieron primero en el pueblo de Guatimotzin, y explicó también que esa denominación que no les gustó a sus paisanos, cambiándola por la de Cuauhtémoc.

La comitiva herrada continuó hasta detenerse para sombrear y almorzar durante casi una hora bajo las ramas de los árboles gigantescos que rodean el Lienzo Charro del pueblo, el cual ésta, precisamente, junto a otro tramo del Camino Real.

En ese momento no iba Mario, el gobernador, cabalgando, y me dijeron que se había salido un rato porque desde antes ya tenía un evento “agendado”. Yo me les volví a adelantar por la carretera y me fui hasta el Ocotillo, para esperarlos de nuevo. Tardaron muchísimo en llegar hasta allá, pero la segunda etapa de la Primera Cabalgata Regional concluyó hacia las 16:30 horas en el antiguo corral de ordeña de la ex hacienda de Chiapa, en donde fueron recibidos por los organizadores de una comida campestre, por Jorge Peralta Cabrera, el dueño actual de la finca, y por la guapa Gabriela Ochoa, su administradora. 

05.- He aquí, sombreándose, a una parte de los concurrentes, bajo los grandes árboles del camino, junto al lienzo charro de Cuauhtémoc.
Interpretaron entonces canciones rancheras los muchachos de un mariachi de Coquimatlán; se llenaron las mesas de comensales (y no pocos “gorrones” y “colados” que, como siempre, nunca han de faltar). Corrieron los meseros con las cheves y los refrescos, que les deben de haber caído como néctar de los dioses a los asoleados jinetes. Luego llegó la birria (poquita, como para gente con dieta), con frijolitos puercos y arroz dorado (enseñadito también), y antes de que alguien me dijera “comes y te vas”, me fui saliendo de allí mientras el mariachi entonaba las estrofas de La Palma, aquella palma que según esto estaba junto a la orilla del mar, Y a la que un enamorado le preguntó “que si estaba en el floreo/ pá mandarle por correo/ (se supone que a su amada)/ cuatro suspiros del alma”. Esa misma, pobrecita palma, que “con el sol se marchitó/ como se marchita mi alma/ cuando tú me dices que no”.

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